Hay siempre dos caminos, dos opciones, dos mundos. Uno es siempre lo que se debe y lo que hay que hacer. El otro el contrario, lo prohibido y lo imposible. No se pacta con ambos, se elige uno, con las consecuencias debidas. Yo elijo uno pero al otro lo desando inconsciente, lo elijo como meta, y me equivoco. Busco el final de uno, cuando estoy por el comienzo del contrario. Así me pasé las etapas diferentes, me equivoqué y volví al comienzo. No sé diferenciar los límites propios. Se está en uno, pensando siempre qué habrá podido ser si se tomaba la otra decisión. Lo peor de todo son las consecuencias finales, no se miden ni se esperan. Por eso, enfrentemos la dualidad posible, la dualidad eterna.No creo que porque tomemos uno, el otro se despide. Se puede vivir entre dos mundos, aunque siempre perteneciendo más a uno, más a lo cercano, a lo divino, a lo complejo o a lo fácil. Se elije, se toma y se deja.Así, siempre.
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